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Anexar Gaza: la vía realista para la paz en Medio Oriente

Durante décadas, el discurso dominante en foros internacionales, medios occidentales y organismos como la ONU ha insistido en la “solución de dos Estados” como única salida al conflicto israelí‑palestino. La realidad política, demográfica y de seguridad demuestra lo contrario: esa fórmula es inviable, perpetúa la inestabilidad, alimenta al terrorismo y deja a Israel en vulnerabilidad permanente.

La Franja de Gaza, bajo control de Hamás desde 2007, se convirtió en un enclave hostil que usa a su población como escudo humano y desvía ayuda internacional para fabricar cohetes y construir túneles. El problema no es económico, sino político e ideológico: la negación sistemática de Israel y el adoctrinamiento yihadista desde la infancia.

Ante ese panorama, la anexión de Gaza a Israel es una salida realista. No como gesto expansionista, sino como medida de seguridad nacional y estabilización regional. Bajo soberanía israelí, el territorio puede quedar sometido a un control firme que erradique la infraestructura terrorista, desmantele redes de Hamás y permita un proceso gradual de integración civil y económica para la población dispuesta a convivir pacíficamente.

Se dirá que esto sería “colonialismo” o “violación del derecho internacional”. Sin embargo, las mismas voces callan ante violaciones de derechos humanos por regímenes como el de China o ante dominios islamistas sin elecciones libres. La diferencia aquí es esencial: en el caso de Israel, la anexión tiene como objetivo paz, seguridad y erradicación de un régimen terrorista, no el premio a la agresión.

El modelo puede inspirarse en precedentes como Jerusalén Este o los Altos del Golán: administración directa, inversión en infraestructura, incentivos a la colaboración y tolerancia cero a la violencia. Con el tiempo, Gaza dejaría de ser una base operativa yihadista para integrarse al mismo estado de derecho que rige en Israel.

La comunidad internacional ha tenido más de tres décadas para hacer funcionar la “solución de dos Estados” y fracasó. Insistir en una fórmula rota no es diplomacia: es negligencia. La anexión no resolverá todo Medio Oriente, pero sí eliminará una de sus principales fuentes de inestabilidad y enviará un mensaje inequívoco: el terrorismo no será recompensado con reconocimiento político, será derrotado con hechos.

En un entorno donde el globalismo y la corrección política han convertido el conflicto en un negocio perpetuo para burócratas y ONGs, Israel debe actuar pensando en su supervivencia y derecho histórico a vivir en paz. Anexar Gaza quizá no sea la solución “popular” en salones diplomáticos, pero sí la única que abandona la ilusión y encara la realidad con la determinación que la región necesita.