El próximo 5 de febrero, el Caucus Room del Capitolio de los Estados Unidos será sede de un encuentro que marca un punto de inflexión en la agenda hemisférica de seguridad y libertad: el Summit CPAC / México Republicano contra el narcoterrorismo. No se trata de un foro político, sino de una definición estratégica frente a una de las amenazas más graves que enfrenta occidente: el narcosocialismo.
En medio del debate en torno a una eventual reforma electoral -que la presidente Claudia Sheinbaum impulsaría entre febrero-marzo y que prevé, entre otras cosas, el fin de la figura de legisladores plurinominales- las fuerzas políticas del país han echado a andar la maquinaria interna para pavimentar su camino hacia las definiciones 2027.
Pese a los intentos de los últimos tres Presidentes de México, la figura de legislador plurinominal se ha negado a morir. Hoy, con la oposición de sus aliados del Verde y del PT en el movimiento de la 4T, la presidenta Claudia Sheimbaum enfrenta esta batalla en busca de terminar con una elite de partidos que se ha perpetuado en el Congreso de la Unión.
Morena no está frente a una amenaza externa; está frente a un espejo, y por primera vez en siete años, ese espejo no tiene filtros, ni cortesía diplomática, ni tolerancia ideológica.
Bajo la sombra de una posible incursión militar y con la política de "Estados Unidos Primero" como estandarte, la administración de Donald Trump ha dejado claro que la entrega de 37 capos menores no es suficiente: Washington va por las nueve cabezas que controlan el flujo de veneno en las calles estadounidenses.