La gratuidad estatal es una ilusión: nada es gratis, simplemente alguien más lo paga. El mito del “todo gratis” destruye incentivos, crea dependencia y erosiona la libertad individual.
El asistencialismo estatal bloquea la verdadera movilidad social e inhibe la responsabilidad individual frente al riesgo, perpetuando la dependencia y erosionando el tejido productivo de la sociedad.